Obviamente podría haber buscado una foto en la que saliésemos todos y cada uno de nosotros con unas mejores caras. Si, si, unas caras que no diesen la impresión de haber superado un iron man, haber recorrido 3 km de desierto y no haber dormido en 15 noches.

Obviamente podría haber buscado una foto en la que hubiésemos estado 1 hora pensando la foto, encontrando la luz perfecta y nuestra mejor pose, y después haberla retocado con photoshop. Pero ¿para que? Nuestro vuelo salió a las 6:20 del aeropuerto cosa que nos hizo salir de casa  las 3 de la mañana. ¿Entiendes ahora nuestras caras?

Hermana y servidor con amigo sentado en la parte trasera dirección al aeropuerto con música a tope, sacando a relucir nuestras mejores voces roncas a la 3 de la madrugada. Benditas situaciones que vivimos en nuestro Pandi (Un fiat panda negro y rojo que apareció en la familia hace un par de años y que popularizamos día a día con nuestro #TodosNecesitamosUnPandiEnNuestraVida, porqué si, porqué hemos vivido grandes momentos encima de sus 4 ruedas).

Sin duda alguna, una de las mejores sensaciones que tengo cuando voy de viaje es, sobretodo, el viaje de ida. Algún día prometo publicar el vídeo de nuestro viaje de ida a Washington y los bailaos que nos pegamos en un atasco de 1:15h en plena autopista estadounidense. Ya lo dice mi bonica Lucia Be: La vida es una verbena.

¡Polonia nos espera!

Y volvimos a confiar con nuestro gran amigo Ryan.

El vuelo llegaba a Varsovia, capital del país, y nosotros teníamos que ir Gdansk. No te preocupes, yo tampoco sabía de la existencia de Gdansk hasta el pasado agosto.

Soy un fan absoluto de la gente que se va a esos sitios que nos suenan a chino y nos lo colocan desde entonces en el mapa. Esa ciudad ya no es una desconocida, ahora Gdansk forma parte de nuestro día a día.

Después de coger el bus y subir hasta el norte de Polonia, llegamos a la ciudad. Hacía un frió que te dejaba la nariz congelada, pero era estar como en un cuento. Ahora entiendo cuando nuestra Erasmus, una de las dos polluelas en mi viaje a Nueva York, nos decía:” ¡Es que es tan bonita!”.

Pusimos rumbo a nuestro hostal, era el momento de ver a nuestra española adoptada por polacos este año. Más bien era un punto de encuentro entre unos que veníamos desde España, una erasmus en Praga y la española convertida a Polaca. Abrazos, saludos, emociones. Arrancaba la primera noche por Polonia.

Salimos al bar que teníamos al lado del hostal e hicimos nuestra bienvenida al país como tenía que ser. Después buscamos uno lugar para cenar y ponernos al día de todo.

Una cosa que me encanta de Polonia son sus precios. Para que os hagáis un calcula, me lleve 200 euros para el viaje de 4 días, volví con 125. Ahí lo dejo.

Cuando terminamos a de cenar, fuimos al centro y terminamos en un bar con más de 100 tipos de chupitos de todos los sabores, colores y mezclas. Y si, fue aquí donde probé el mejor chupito de mi vida, hecho de ferrero, imaginaros como estaba.

Ya medio a rastras por las calles del cansancio que teníamos volvimos al hostal, mañana más y mejor.

Feliz día

Vicent Bañuls

Lee el 2º día por Polonia aquí

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