La vida, al fin y al cabo, son experiencias ¿no crees? Ahora, las campañas de publicidad se basan en una constante venta de ellas. Las empresas ahora no venden productos, venden sensaciones, experiencias momentos. Pero, afortunadamente, hay alguna de ellas que no se pueden comprar.

Me gusta imaginar que en el futuro, algún día, iremos a naves industriales donde se encontrarán nuestros recuerdos almacenados, a los cuales podremos acceder mediante un código. Una vez allí, nos harán entrega de una caja que nos trasladará exactamente a el instante donde vivimos ese MOMENTO. Sí, momento en mayúsculas, porqué así es cómo son los momentos de la vida, a lo grande.

Sin duda alguna, uno de esos momentos que guardaré en esas naves industriales será mi noche en el desierto de Merzouga (Marruecos).

Mi viaje a Marrakech fue el resultado de un impulso que siento cuando Ryanair pone vuelos baratos. Me habían hablado de la belleza de esta ciudad, pero lo mejor era verlo con mis propios ojos. Desde que había empezado el año, quería hacer mis viajes diferentes. Quería vivir esas experiencias que te hacen volver a casa con un brillo especial en los ojos.

Nuestra aventura al desierto la hicimos con Viaje en Marruecos. Tras valorar varias opciones, comentarios y posibilidades, esta era la opción que más nos convencía.

La aventura nos costó 125€ e incluía:

  • Traslados de llegada y salida
    • Recogida en Marrakech desde nuestro hotel.
    • Transporte en minibús.
    • Combustible, peajes y todos los gastos asociados.
    • Guía acompañante durante toda la ruta que habla Español.
    • Visita guiada con guía licenciado en filología hispánica en las ciudades más importantes.
    • Alojamiento con media pensión ( Desayuno y Cenar ). Nos alojamos en el hotel Chateau de Dades.
    • Paseo en camello para llegar al corazon del desierto (uno por persona).
    • Una noche en el campamento del desierto (Jaimas).
    • Fiesta especial de los bereberes en medio de las dunas del desierto.
    • Sandboarding en el desierto.

Llegamos sobre las 5 de la tarde al campamento y créeme cuando te digo que la sensación de aquel momento fue, tal vez, una de las sensaciones más singulares que había vivido en mi vida. Arena a la izquierda, arena a la derecha, arena delante y arena detrás. Además, si subíamos a lo más alto de una duna que teníamos frente al campamento, podíamos observar la frontera de Marruecos con Argelia.

Nos recibieron con un té de menta y unos cuantos dulces. Tras esto, empezó la distribución de las taimas y volvemos a la tienda de campaña central para ver como el sol caía entre las dunas del desierto, mientras unos cuantos hacían sandboard.

Sobre las 19:30h, llegó el momento de la cena. Fue bastante completa. Contábamos con entrantes, plato principal e incluso postre. Después, llegó el momento de la noche de los tambores, cuando los beréberes nos tocaron canciones típicas de la cultura, aunque tras una rato los españoles tomamos las riendas de la fiesta y empezamos a tocar música en español.

Aquella noche, las estrellas brillaban como hacía mucho tiempo no las había visto brillar.

Llegó el momento de ir a la jaima. Pese a ser octubre, hacía un frío tremendo en el desierto. Para que te hagas una idea, yo dormir con sudadera, metido dentro de un saco y con una manta gruesa encima. Pero te confesaré que el saco, más que nada, era una capa de protección que me había puesto yo para defenderme de todos los animales que en un desierto te puedes encontrar.

A las 6h de la mañana, el despertador sonó. Lorenzo empezaba a brillar y no queríamos perdérnoslo. IN-CRE-Í-BLE. Nada más que añadir.

Desayunamos y nos volvimos a montar a los camellos para volver a parte de la civilización. Era momento de empezar el viaje de vuelta a Marrakech.

Información básica

  • Frío hace, claro está. Estás en el desierto y eso se nota, pero en el campamento te darán mantas para que puedas luchar contra él. No te obsesiones porqué no estás en el Polo Norte.
  • Ni se te ocurra llevar una maleta. Probablemente no pasarás más de dos noches allí, así que trae contigo una mochila donde meter cuatro cosas básicas.
  • Lleva contigo un pañuelo para podértelo poner como un beréber. Si no te podrás comprar uno en las paradas que harás antes de llegar allí, pero lo más seguro es que te arranquen un riñón y parte del otro.
  • Disfruta, vive, siente. No sabes cuando vas a volver a vivir una experiencia como esta.

¿Has tenido la suerte de vivirlo alguna vez? ¿Quieres vivirlo?

Feliz día

Vicent Bañuls

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