Definitivamente he llegado a la conclusión de que tengo un problema con los saltos. No he ido a ninguna ciudad en el mundo todavía en la que no me haya hecho una foto saltando. Llámalo obsesión, postureo o X, pero lo tengo que hacer siempre.

Nos despertamos y por la ventana ya empezábamos a ver los primeros rayos de sol colarse entre las cortinas. Sonaba un poco sorprendente, pero el sol había salido en Gdansk y parecía que para quedarse todo el día, algo muy raro por esta zona. Es entonces, cuando me planteo el hecho del efecto español: Traemos el sol allá donde vamos. Lo entenderás cuando te cuente mi viaje a Londres y unos cuantos otros destinos lluviosos por los que los zapatos han decidido andar.

Gdansk es bonita, eso lo sabía, pero no tanto. Tal y como os conté en nuestro 1º día por Polonia, esta ciudad se había convertido en una de esas que aparecen el mapa por ser el destino Erasmus de una amiga.

Su calles hablan por si solas. Son color, monumentos, encanto polaco, rincones tranquilos.

No os voy a engañar, en las fotos parece que hace un sol que seca hasta la mojama, pero hacía un frío que dejaba los dedos congelados cuando sacabas el móvil para hacerte un selfie.

Paseamos hasta llegar a la calle principal de la ciudad donde se encuentran unas cuantas tiendas de lo más curiosas: cajas de música, caramelos artesanales… La gente estaba contenta, pero tan contenta por la salida del sol, que incluso algunos iban con manga corta y yo estaba pensando por qué no había cogido una manga más antes de salir del hostal.

Cuando viajo, me gusta conocer la gastronomía de los destinos a los que voy, así que le pedimos a nuestra guía privada española convertida a polaca durante un año que nos llevase a degustar las delicias polacas.

Comimos en un restaurante bastante cerca del centro y con una decoración encantadora. Una de las cosas que más me gusta de Polonia es sus precios, están por los suelos. Comimos por unos 5 euros y salimos con unas barrigas tan llenas que incluso nos tuvimos que desabrochar el botón del pantalón. La delicia polaca que probamos ese día era como unas especie de pastelitos de pasta pequeños rellenos de verdura, carne, o champiñones y cebolla si no recuerdo mal.

Te voy a contar un secreto, me he tirado más de 1 hora pensando el nombre del plato, pero el dominio del polaco se me escapa de las manos. Pero bueno, la cosa es que estaban increíblemente buenos.

Por la tarde dimos una vuelta por lo que nos quedaba de Gdansk y algunos de sus parques. La tarde la teníamos programada para ir a Westterplate, un parque inmenso donde empezó la Guerra Mundial.

Para llegar hasta el parque teníamos que coger un bus que tardaba sobre unos 30-45 minutos. Soy de los que les gusta andar y andar cuando va de viaje, ya que considero que las ciudades se conocen andando, pero si tengo que escoger un transporte público para ir a los sitios, prefiero el bus antes que el metro, aunque éste sea más rápido. Desde el bus, a través de las ventanas, conoces la ciudad que muchas veces se escapa de la vista de los turistas, esa ciudad en la que ves a los niños yendo al cole, a las señoras mayores comprando la fruta, a los obreros recogiendo la herramienta porqué terminan de trabajar.

Justo eso es lo que me pasó en este trayecto. Sinceramente fue chocante ver aquella realidad. La Polonia no turística es aquella que parece que viva con 30 años de retraso respecto a la península. Edificios antiguos y bastante deshechos, coches viejos, calles desiertas. Pero aún así, Polonia seguía teniendo su encanto.

Llegamos a Westterplate y aquello era inmenso. Es muy curioso porqué hay ruinas de antiguos hospitales que fueron utilizados por los ejércitos que participaron en la guerra e, incluso, puedes acceder dentro. En uno de los laterales del parque se encuentra el monumento de la Guerra, una enorme columnata a unos cuantos metros del suelo y hasta la cual puedes acceder tan cerca que puedes sentarte encima. Fue bonito ver atardecer entre todos aquellos arboles y aquella playa que se encuentra detrás del parque.

Volvimos el centro para irnos hacía un pueblecito, cenar y tomarnos algunas cervezas. Una vez más, la noche polaca mandaba.

Sean felices,

Vicent Bañuls

Lee el 3º día por Polonia aquí

2 thoughts on “Encantado de conocerte Gdansk, 2º día por Polonia”

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