El sábado pasado cumplí una semana desde mi independencia, ha sonado un poco a estado proclamando su auto-independencia, pero la realidad es así.

Hace 1 semana me venía a vivir a Madrid con este post y unas cuantas lágrimas a escondidas para seguir mostrando tu imagen de fuerte y aventurero, de ese que puede con todo.

Creía que al despedir a mis padres en la puerta de mi nueva casa mi madre y yo empezaríamos a soltar nuestras mangueras y las lágrimas empezarían a caer como chorros, pero, aunque mi madre cumplió con su parte, yo tenía una mezcla de sentimientos en mi interior que difícilmente podrían ser descritos. Dejaba a mis padres, pero después de tanto tiempo soñándolo, podía decir oficialmente que vivía en Madrid.

A partir de entonces empezaba lo que era para mi la independencia total. Levántate, cocínate, limpíate, ordénate, accicálate… Y larga lista de más cosas que se han tenido que ir apuntando a todo este cambio.

No tengo ni la más mínima influencia de Karlos Arguiñano o Ferrán Adrià pero he descubierto que el tema de los fogones no se me da nada mal, incluso no descarto en pasar muchas tardes pegado a ella para descubrir el cocinero que tengo en mi interior.

La colada está siendo toda una risa, si, como lo lees. Pensaba que al poner mi primera lavadora terminaría creando ropa para el próximo desfile de Desigual o alguna marca por el estilo, pero no. Las prendas han salido limpias y tal y como estaban antes de entrar, ningún color se ha mezclado con otro, ninguna prenda se ha encogido, ninguna mancha no ha desaparecido. ¡1º logro conseguido!

Pero la trastienda de todo esto es bastante peculiar. Mi estilo de vida ha cambiado por completo, es decir, ahora soy yo el que me cocino, el que me limpio, el que ordeno, el que se preocupa por qué la casa quede en su mejor estado. Y, claro, eso no se consigue el primer día de ponerte a las riendas de una casa, en este caso, de un piso de 90 metros más o menos.

Mamá, a 355km y haciendo del Skype uno de sus mejores aliados, es la que lleva las riendas de ésto, pero shhhhh, esto solo queda entre tu y yo. De igual modo, el bendito Skype, ayuda a mis momentos de soledad durante las comidas hasta que llegue el canario que se convertirá en mi compañero de piso durante este curso, y mis padres al poner la mesa en su casa añaden el ordenador con el skype encendido para que cenemos “juntos”.

La mejor de las situaciones que he vivido hasta ahora ha sido la del teléfono en mano llamando a la jefa de la casa para que hiciésemos montones de la ropa que podía o no meter a la lavadora junta.

Muchas veces, cuando llega el momento de la ducha o el de la cocina, enciendo el ordenador con volumen a tope, por supuesto, y monto el mejor de los concierto para que mis vecinos disfruten de los gallos. Imagínate a mí con muchas de las canciones de está bonita lista que preparo Lucia Be bailando por la casa fregona en mano.

Te cuento un secreto: Llevo 1 semana en Madrid, aunque parezca que lleve mil, pero está siendo la mejor de mis épocas. Es bonito levantarte todos los días con una sonrisa tatuada las 24h y decirte: “Vicent, tienes todas las herramientas para comerte el mundo, lo demás corre por tu cuenta”.

¡Gracias por tanto Madrid!

Y respecto a la independencia, reflexionaré muy pronto sobre ella.

Feliz día

Vicent Bañuls

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