Hay maneras y maneras de sorprender para un cumpleaños, pero sin duda alguna, un viaje será siempre un acierto seguro. Así fue como aparecí yo en Barcelona.

Tenía muchas ganas de visitar la ciudad Condal. Había estado por Cataluña, pero nunca por su capital.

Muchas personas me definían la ciudad como una Madrid con playa, pero después de visitarla es cuando yo me pregunto ¿qué le veis de parecido con Madrid?

Barcelona es mucha Barcelona, pero Madrid es mucha Madrid, así que, llámame loco, pero sigo sin entender está comparación. Puede que la capital catalana tenga playa, pero mis madriles me robaron el corazón desde el día que nos conocimos.

Al igual que yo soy un loco enamorado de Nueva York, mi hermana está enganchada hasta las trancas de esta ciudad, y cuando me habla de ella, sus ojos tienen un brillo especial, sus labios dibujan la sonrisa típica de amor por alguna cosa, sus palabras van cargadas de sentimientos.

Pusimos rumbo un viernes por la tarde en tren desde Valencia, ya sabes lo que opino de los viajes de ida, simplemente, especiales.

Al llegar, nos pusimos en contacto con nuestro casero, dejamos las maletas en el apartamento y salimos a cenar tapas por el barrio en el que estábamos alojados, Poble Sec.

Heladito, paseo y vuelta a casa. Mañana nos esperaba un día bastante largo.

El viaje era especial, este año había viajado ya varias veces pero todas ellas, sin mis padres. Además, está vez venían mi primo y mi tía ¿Mejor compañía posible?

Desayunamos en una pastelería que encontramos en uno de los callejones del barrio. Si, si, en esas que nos gustan a ti y a mí, alejada de los turistas, de las que te cruzas con la abuela que entra a comprar el pan o con la pareja que va a encargar unos dulces para traer de postre a la cena que tiene con los amigos.

Con el estómago lleno es cuando ya se puede empezar a hacer turismo con letras mayúsculas. Nuestra primera parada: el Parc Güell.

El día estaba un poco feo. Ni llovía ni dejaba de llover, así que los paraguas eran una prolongación de nuestra mano. Pero, obviamente, eso no iba a ser un problema para nosotros y, menos, para nuestras fotos. Barcelona es uno escenario precioso, así que las fotos bonitas estaban aseguradas.

Si te soy sincero, me esperaba el Parc Güell diferente. No me preguntes cómo porqué a penas yo tengo claro la idea que tenía antes de él. Era una obra de Gaudí, así que no podía esperar menos de él. Este arquitecto ha creado un mundo tan sumamente irreal pero a la vez tan adictivo que hace que pasear por estos jardines sea vivir en un sueño real.

Lo recorrimos todo de cabo a rabo, pero teníamos que irnos porqué era una visita express a la ciudad, y otros encantos de Barcelona nos esperaban.

Nuestra siguiente parada era otra obra del gran maestro, la Sagrada Familia, una catedral a la cual siempre le he tenido un cierto aprecio, ya que cuando era pequeño y jugaba con la arena, muchas veces intentaba crear su forma mezclando la arena con agua.

Había visto muchas fotos, pero es cuando estas delante de estas cosas cuando aprecias la grandeza que tienen. Foto por allí, foto por allá, Barcelona quiere a las cámaras de foto, y eso ellas lo saben

Nuestra ruta por la capital catalana tenía que seguir, así que pusimos rumbo por el paseo de Gracia hacia las ramblas, mientras pasábamos por delante de escaparates en los que nunca podremos comprar, a menos que nos toque la lotería.

Fue entonces cuando empecé a notar ese ambiente que del que mi hermana siempre me había hablado, ese aire bohemio pero al mismo tiempo moderno, es ambiente tan característico de nuestra Barcelona querida.

Intentamos salirnos un poco del barullo y ajetreo del centro y comimos en un restaurante de una callejuela paralela a las Ramblas. Nuestros pies empezaban a notar todo lo andado, pero sarna con gusto no pica.

Otra vez con estómago lleno, decidimos bajar las Ramblas hasta llegar al Mercado de la Boquería, lugar que mis padres aseguraban que me fascinaría.

Nada más entrar, a mi cabeza vino un mercado que visité en Madrid el pasado diciembre. Colores, comida, olores, paradas que hacían que tus ojos se fuesen detrás de todo, de cada tapa, de cada trozo de carne o pescado. Un fiesta completa para todos tus sentidos.

Próximamente te cuento como terminamos el día,

Feliz día

Vicent Bañuls

Lee el 2º día por Bacelona aquí

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