Llevábamos días mirando la predicción del tiempo y todo apuntaba a que hoy iba a llover, justo lo que ha pasado. Pero este mal tiempo ha ido acompañado por mi frase de “Es que hasta la lluvia en Nueva York es bonita”.

Hemos desayunado en el hotel mientras, desde la ventana, mirábamos como los noeyorquinos pasaban de un lado para otro mientras llovía como si no hubiese un mañana.

Hoy teníamos planeado ir a visitar la zona de Union Square con sus mercados y toda esa zona, pero la lluvia mandaba. Ni Nueva York estaba guapa para ser fotografiada, ni nosotros podíamos sacar nuestra mejor cara, así que hemos puesto rumbo a Macy’s y su flower show mientras buscábamos algo que no encandilase y poder empezar a quemar la tarjeta.

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Cuando hemos salido, el tiempo, no se si por suerte o por desgracia, nos había dado una tregua en la lluvia. Queríamos acercarnos a la zona de Union Square para ver el Flatiron y comprobar si habían montado el mercado o no. De paso, queríamos aprovechar para probar las hamburguesas de Shake Shack de las que tanto nos habían hablado.

El mercado estaba montado, pero tan solo con 4 o 5 paradas, por lo que hemos decidido que volveremos a lo largo de la semana. Pero mi querido edificio Flatiron estaba allí, tan imponente como es él. Imaginaros el placer que da comerse las mejores hamburguesas de Nueva York con vistas a él.

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La idea era comer pronto porqué queríamos pasarnos por la oficina de Tickets de Time Square para ver si podíamos conseguir unas entradas a algún teatro de Broadway por buen precio, pero cuando el señor nos ha dicho que lo más barato eran $19, hemos dado media vuelta y hemos dicho.”See you”.

Nuestra siguiente parada, y mientras veíamos que el sol se volvía a colar por los edificios de Manhattan, ha sido la zona cera y el memorial 9/11. Es un poco indescriptible contar todo lo que se te pasa por la cabeza cuando estás por allí. Todas y cada unas de las imágenes de aquel 11 de septiembre de 2001 vuelven a tu cabeza. Pelos de punta es lo único que puedo decir, simplemente.

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Hacía un viento de narices, así que hemos ido volando, casi literalmente, a Wall Street y la zona financiera y nos hemos ido corriendo.

La siguiente parada querían que fuese un pequeño centro comercial y yo he pensado enseguida en Bloomingdales, en pleno SoHo. Sigo con la boca abierta con este barrio, me he prometido que tengo que volver antes de irme de la ciudad, en un día con sol y con la cámara cargada a tope para hacerme mil millones de fotos.

Hemos recorrido ya, toda la isla de Manhattan, pero Nueva York no es solo eso. Los siguientes días descubriremos esa parte que se esconde del turista, mi querido Brooklyn, Queens, Bronx, Staten Island. Aunque eso si, mañana nos tomamos un respiro de la Gran Manzana y ponemos rumbo dos días a Washington y Philadelphia.

Ahora mismo, se repite la situación de todas las noches, doña marmota, también conocida mi hermana infiltrada dentro de la cama, y mi otra alma cándida, desde la otra cama móvil en mano, leyendo la entrada de ayer porqué dice que no le dio tiempo.

Sean felices,

Vicent Bañuls

2 thoughts on “Mis zapatos: La lluvia neoyorquina es una maravilla”

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