El día de hoy ha sido largo, o como dice una de mis fieles compañeras de viaje: “Los días en Nueva York parece que tengan más de 24 horas”.

Era domingo y como fan de la cultura americana aposté fuerte por dedicar la mañana de domingo al brunch. Nuestra cita era a las 11:30h, así que nos dió tiempo a levantarnos tranquilamente, buscar una serie de cosas y visitar Bryan Park, el que considero que es uno de los parques más bonitos de la ciudad.

Nuestra cita para el brunch estaba justo en el mismo parque, así que dimos una vuelta por la Public Library y a la hora en punto estábamos en el Bryan Park Grill.

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Hoy, bueno, ayer, era domingo de Pascua así que con motivo de la fiesta en la Gran Manzana se celebraba la Easter Parade, un desfile con una serie de sombreros de lo más pintorescos y divertidos.

Una de las cosas que más me ha chocado ha sido el echo de esa concepción tan diferente a la española que tienen los americanos sobre la Pascua. Para ellos es una gran festividad y durante todo el día nos han estado repitiendo la frase de “happy easter!”.

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Del mismo modo, en la Catedral de San Paul se estaba celebrando una ceremonia con motivo de esta fiesta.

Toda la 5ª avenida hemos recorrido pasando por Tiffany, Prada, Armani… Un de esos momentos en los que te sientes como un ricachon pero en verdad sabes sobra que nunca vas a poder tener algo de esas tiendas, o si, quien sabe.

Después de esto a Rockeffeller Center, paseo por sus tiendas y a las 4 hemos subido al top of the rock. Sonará raro, lo sé, pero llevo casi 72 horas en la ciudad y todavía me costaba asimilar donde estaba, lo que había conseguido y hasta donde había llegado. Pero justo en el momento en el que he salido del ascensor y he visto toda Manhattan bajo mis pies, he sentido como un escalofrío subía por mi espalda, como las pupilas se me dilataban y como mis piernas empezaban a temblar: ¡Lo has conseguido Vicent, estás en Nueva York!

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Cuando hemos acabado, hemos hecho un intento de ir a Macy’s pero estaba cerrado con motivo del gran día de Pascua. Más tarde hemos ido al Mercado de Chelsea y hemos dado un encantador paseo por el High Line mientras el sol caía por edificios de Manhattan.

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Nuestros pies empezaban a morir poco a poco, y eso se notaba en nuestro ritmo. Para la noche les había prometido a las chicas que las llevaría al restaurante de Ellen, cerca de Time Square donde los propios camareros se suben encima de la mesa para dar todo un espectáculo.

La vuelta al hotel ha sido de lo más graciosa, sobretodo por nuestra forma de andar y la manera en la que poníamos nuestros pies en el suelo.

Hoy ha sido un día gracioso, especial, simpático. Con miles de momentos que guardaremos entre nosotros tres, bueno, y el metro.

Feliz día

Vicent Bañuls

2 thoughts on “Mis zapatos: Nueva York bajo mis pies”

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