La sonrisa esta pegada en mi cara desde que ayer pude pisar suelo neoyorquino, ni en el mejor de mis sueños.

Hoy lo tenía muy claro, era mi primer día en la ciudad y quería ver lo máximo posible. El jet lag pronto, obviamente, vino a nosotros. A las 5:30 de la mañana ya estábamos dando vueltas por la cama y mirándonos los unos a los otros de una cama a otra.

Desayunamos en el hotel y pronto pusimos rumbo a mi querido Central Park. Lo más gracioso de todo el viaje es que voy hablando de las cosas que hay por aquí como si fuese un turista que ha venido a la ciudad un mínimo de 20 veces.

No suelo ir a parques, más que nada porqué en mi ciudad no es algo que abunde, pero cuando voy fuera siempre lo apunto como una parada imprescindible. Justo como lo había soñado, un pequeño oasis dentro de todo el barullo que hay en Nueva York. Sin duda alguna, un escenario perfecto para una pequeña sesión de fotos.

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Veníamos cargados de energía desde el desayuno, pero después de varias horas andando por Central Park el cansacio quieras o no aparece.

Les prometí antes de empezar el viaje que les llevaría a todos esos lugares que aparecen en las películas para que Nueva York no fuese una completa desconocida. Si, es verdad, nos separa una gran distancia desde España, pero está más presente en nuestro día a día de lo que nos pensamos. Así que después de este paseo pusimos rumbo el Museo de Historia Natural, lugar donde se rodó Noche en el Museo.

Este museo se encuentra cerca del edificio Dakota, en la parte oeste de Central Park, que ahora mismo esta en obras así que las fotos más bien obviarlas.

El Museo de Historia Natural es inmensamente grande. Cuando creías que habías acabado con todas las salas aparecía una inmensa ruta por la que poder seguir. 3 horas dedicamos a todo esto, así que imaginaros como estaban nuestras barrigas.

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La opción para comer la tenía muy clara, Absolut Bagels en el norte de Central Park y calificado con el mejor restaurante de bagels de todo la ciudad de Nueva York.

Después de comer pusimos rumbo la Iglesia de San Juan el Divino y más tarde a la Universidad de Columbia. Claro, esa universidad en la que he soñado mil y una veces en estudiar allí cosa que haré algún día, cuando me toque la lotería, cuando papá y mamá sean ricos.

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Los planes iban mucho mejor de lo previsto, así que nos dimos el pequeño placer de parar en un centro comercial para relajar un poco la vida del turista. No te agobies, no compramos nada, por ahora.

Llegamos a Colombus Circle y de ahí pusimos rumbo al Lincol Center.

Durante todo el viaje vamos haciendo la cuenta de las horas que son en los destinos en los que hemos estado desde que hemos salido de casa, y lo importante es que la hora de merendar se acercaba ¡No podemos perder ninguna comida eso está claro!

¿Merienda americana? Magnolia Bakery por supuesto.

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Para terminar el día dimos una vuelta por la Gran Central y terminamos cenando en un lugar recomendado llamado Luke’s Lobster Roll ¡Increíblemente increíble!

A estas horas del día, mientras mis dos marmotas compañeras de viaje me miran desde la cama como escribo todo este tostón que os acabo de contar, me plante la opción de dejar perder mi billete de vuelta, quién sabe.

Feliz día

Vicent Bañuls

2 thoughts on “Mis zapatos: Nueva York de cabo a rabo”

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