Prométeme una cosa, a la mínima oportunidad que tengas de irte de viaje, por favor, haz las maletas y vete. No pares a pensártelo ni un solo segundo. Así fue como realmente empezó esta aventura a Polonia.

Millones de veces me he inclinado por los planes de no planifiquemos y dejemos que las cosas pasen, casi 100% estoy seguro que suelen salir mejor. Mi hermana y sus amigos compraron el billete nada más pasó reyes. Si, como un autoregalo de los Reyes Magos. Mientras tanto, a mi, se me hacían los dientes largos.

Fecha de examen por aquí, fecha de examen por allá y es cuando yo mismo me digo: “¡A tomar viento todo el mundo!”. Me saqué el móvil y le envié un whatsapp a mi hermana: “Cómprame el billete a Polonia que me voy con vosotros”. Llegué a casa lo pagué y ahora estoy aquí detrás con una emoción que no cabe dentro de mi.

Cada viaje es una pequeña experiencia que sumas a tu vida, y yo sin duda alguna tengo fe ciega en que esta va a ser una de las mejores de vida.

Nunca había sentido interés por Polonia, para que te voy a decir mentiras. Pero ya sabes lo que pasa, cuando alguien que conoces se va fuera, a una de esas ciudades que tiempo atrás no tenías ni idea de donde estaba, a partir de ese preciso instante sabes perfectamente situarla en el mapa. Y así conocí Gdansk.

Prometo hincharos a muchas fotos en todas las redes sociales (Facebook, Twitter e Instagram). Pero tranquilos, para todos aquellos que no podáis seguir los pasos de los zapatos a la semana que viene os cuento a modo de diario como me han ido estos 4 días por Polonia más material recién sacado del horno. Me hubiese gustado llevarme el ordenador detrás, pero considero que es un viaje para desconectar y dejar de lado toda mi vida en mi ciudad y aquellas cosas que me rodean, pero esto no se va a convertir en costumbre. En mis próximas paradas, prometo que se vendrá conmigo.

Feliz día

Vicent Bañuls

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