Dicen que la universidad es esa etapa en la que conoces a los verdaderos amigos, ese punto de inflexión en el que empiezas a encauzar “supuestamente” tu vida por un camino que siempre has soñado toda tu vida, pero al mismo tiempo es el momento en el que te despistas y acabas comprando billetes para irte a pasar unos días en el país vecino.

Esta aventura a Toulouse nació un día en mi casa, contaremos la verdad. Acabábamos de comer con los amigos de Madrid y estábamos en ese momento de la tarde en el que llevas unas cuantas botellas de vino en el cuerpo, la gente empieza a disiparse hasta el momento de la cena y tu te vas a tu piso, acompañado con una amiga, para cambiarte para la noche.

La idea de irnos de viaje todos juntos llevaba unas cuantas semanas sobrevolando nuestras mentes y la mayoría de nuestras citas por la capital. Estaba claro que hasta el momento en el que alguien no comprase los billetes a algún sitio, no íbamos a viajar juntos.

Me giré y le dije a mi amiga: “Hay billetes a Toulouse por 20 euros ida y vuelta ¿Vamos?” y su respuesta fue un “¡Vamos!”, claro estaba. Así que el pasado mes de enero acabamos 9 individuos por las calles de la ciudad francesa.

Llegamos una viernes por la mañana, con un frío que pelaba y todo un fin de semana por delante para disfrutar de un país al que tenía muchas ganas de volver a pisar.

Adoro viajar con gente que no ha tenido la suerte de visitar muchas ciudades, me encanta ver esa ilusión que tienen al coger el avión esa ignorancia tan bonita que se tiene cuando andas desorientado por un aeropuerto, esas ganas de querer comprarlo todo y traer recuerdos hasta la vecina del cuarto. No quiero decir que a día de hoy yo no la tenga, pero el aeropuerto hay épocas del año que es mi segunda casa, la maleta es una prolongación de mi brazo y, después de visitar tantos destinos, he aprendido que los recuerdos no son aquellos que compras, sino aquellos que permanecen en tu memoria para siempre.

Nos alojamos en un apartamento muy cerca de la plaza mayor de Toulouse digno de una revista de decoración. Pero, sin duda alguna, lo que más me chocó fue que la casa estaba con todos los objetos y la ropa de su día a día.

Salimos a desayunar a cafetería de al lado y pusimos rumbo a la oficina de turismo. Mapa en mano y con los principales monumentos controlados, empezamos a recorrer la ciudad.

Empezamos por la plaza mayor, pasamos por la universidad y nos perdimos entre las callejuelas del centro.

Entre las calles de Toulouse se respira un ambiente especial. Es una mezcla entre una ciudad de cuento y una ciudad del siglo XXI. Es como que lo tienes todo cerca, pero al mismo tiempo lejos.

La ciudad estaba un poco vacía de gente a esas horas de la mañana. Algo que siempre me ha chocado de Europa es que las ciudades de la mayoría de las ciudades que visito, tarden en despertar, es decir, a las 11 del mediodía no han abierto los establecimientos, por ejemplo, pero sin embargo a las 12 ya están comiendo.

Paramos a comer en un bar cerca del parque japonés de la ciudad. Otro punto a favor de la ciudad, sobre todo para los estudiantes, es que en muchísimos lugares ofrecen descuentos considerables en sus precios (Museos, restaurantes, transporte…) Pero si no lo eres, no sufras, es una ciudad barata, muy barata y muchas de las ofertas que

Es la parada perfecta para un fin de semana de desconexión, uno de esos días en los que necesitas huir un poco de la jungla de cemento en la que vives, del barullo del transporte e irte a una ciudad en la que la gente anda despacio por la calle, sale a pasear con su bici y no corre para no perder el metro.

¿Has estado alguna vez en Toulouse? ¿Recomendaría una parada por esta ciudad?

Feliz día

Vicent Bañuls

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