Madrid volvía a despertar, más bien lo hacían sus calles, sus habitantes y lo cientos de miles de turistas que tiene esta ciudad al cabo del año. A mí me costaba un poco bastante abrir lo ojos, el día de ayer había sido agotador.

Nos vestimos y entre risas, subidos encima de la cama al más puro estilo americano, nos hicimos unas fotos en las que nuestras caras más vale que no sean mostradas al público.

Desayunamos, una vez más en Le pain Quotidien de Gran Vía y después bajamos hasta la puerta de Alcalá. Era inevitable ir en esa dirección sin cantar la mítica canción de “Ahí está, ahí está viendo pasar el tiempo, la puerta de Alcalá…”

Después de unas cuantas fotos, nos adentramos en el pulmón de Madrid: mi querido Retiro. Es bonito eso de pasear por un parque y ver a niños jugar con sus bicis, payasos robar sonrisas, fotógrafos capturando momentos, pintores dibujando impresiones.

Por aquél entonces, estaba enamorado de Madrid pero no tanto como lo estoy ahora. No sería hasta el fin de año de 2015 cuando me pude perder literalmente por todos los kilómetros del parque disfrutando del Palacio de Cristal, preciosos jardines y demás rincones increíbles que guarda este parque.

Terminar con esa vuelta por allí, significaba que el viaje a Madrid se terminaba, teníamos que volver pronto a casa, ya que nos quedaban 4 horas de viaje en coche y mañana tocaba trabajar y volver a clase.

La vida es increíble. Hace 2 años fui a pasar unas cuantas horas por tus calles y ahora, estoy a tan solo 20 días de ser oficialmente un ciudadano más de tu calles, el que te vea amanecer, llorar, resoplar. La que me anime a vivir, a disfrutar de todo lo que ofreces, la que me haga saltar del sofá para poder perderme entre tus calles.

Madrid, Madrid, Madrid, te tengo tantas ganas…

Feliz día

Vicent Bañuls

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