Separando los pies de la tierra

Volar nunca fue fácil

Con la americana puesta. Con la americana puesta y los tirantes enganchados. Con la americana puesta, los tirantes enganchados y los zapatos en la mano. Así. Justo así, recibí al 2017 hace casi 365 días ¿me crees?

Volvía de una noche de fiesta en una discoteca de mi ciudad. Tras mis primeros meses en Madrid, venía a pasar unos días en aquello que por aquel entonces denominaba “casa” y disfrutar de la navidad junto a los míos, los de siempre.

Sin pensarlo, sin imaginarlo, en el último brindis de aquella noche expiró una parte de Vicent, como expiran las burbujas en las copas de champán o como las gaviotas vuelan hacia nunca jamás.

Fue el final de un proceso de reconversión, de buscar nuevas perspectivas, de entender de manera diferente la vida. De buscar nuevos pilares, de encontrar nuevas singularidades.

Hoy, casi 1 año después, miro con anhelo ese niño de aquel entonces. Miro con emoción al que se atrevió a abrir la puerta del armario más bonito de toda la habitación, del que no le importó tropezar para después coger impulso y poder volar. Volar, para después nunca más aterrizar.

Hace meses los vuelos me dejaron de provocar vértigo, temblores y caras de sorpresa. Se convirtieron en mi día a día.

Volar me permitió dejar en libertad la ansia viva por descubrir, por conocer, por disfrutar.

Volar me enseñó a convertir sabores agridulces, en dulces; en director de momentos proyectados en mi mente cuando esperaba el bus, calentaba la comida en el microondas o esperaba a alguien debajo de su casa.

Volar me hizo entender aquello que tantos años defendió Nescafé sobre que la vida son momentos. Y es que estar lejos no te permite vivir nacimientos, bodas, bautizos, fiestas sorpresas e inevitables despedidas.

Volar es acostumbrarse a volver a casa con un “Estás más alto, más delgado ¿Seguro que comes bien?”.

Volar es entender que la gente cambia con el paso de los años y que, sobre todo tú, no eres el mismo que se fue hace unos años.

2017 me sorprendió como Amaia se sorprende cuando Alfred lo besaba por primera vez. Ha sido como una increíble montaña rusa de momentos difícilmente inolvidables.

Soy supersticioso. Lo sé. No me gustan los años impares.

Los años pares, en cambio, me despiertan un positivismo único. Me hacen ver las cosas diferentes y siempre tengo más ganas de lo habitual de comerme el mundo.

2018 empieza fuerte, muy fuerte y, aunque suene a tópico, posiblemente sea la guinda del pastel que tantos años venía construyendo. Para que te hagas una idea, te voy a contar poco a poco todo lo que vamos a vivir juntos.

La semana que viene, en plena resaca de fin de año, pienso presentarte el proyecto que me tiene la cabeza en otro lado. El sueño que me ha permitido conseguir lo que siempre he deseado y, por supuesto, rodeado de un equipo del cual no hay palabras suficientes para describirlo.

A mediados de enero, por fin, vuelvo a hacer las maletas para descubrir nuevos destinos. Igual como haré a principios de marzo, mediados de abril y, posiblemente, a finales de mayo.

De febrero dicen que es el mes de los enamorados y que el día 14 debes obsequiar a la persona que acompaña tu vida con un regalo bonito. Para mí, hace muchos años, las letras son el amor que me acompaña por todas las partes del mundo y, por eso, el día 18 de febrero presento el primer libro con mi sello. Esta vez el sueño viene en forma de libro.

A partir de junio mi vida va a cambiar, pero no como lo había hecho hasta ahora. Dallas  me espera para 3 meses.

Cambiar de ciudad, cambiar de país, de continente, de gente, de estilo de vida. ¡Mamá, qué me voy a vivir a Dallas!

Tras tres meses viviendo en las Américas, en septiembre me mudo a otra ciudad del mundo de la cual todavía no sé nada debido a los trámites que requieren las mudanzas. Pero aun así, sé que vienen nuevos destinos por descubrir, nuevos sueños por los que seguir luchando y nuevas ciudades en las que seguir andando subido a un par de zapatos.

¿Entiendes por qué le tengo tantas ganas a 2018?

¡Feliz año nuevo, trotamundos! ❤️

Vicent Bañuls

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